Karina, una guerrera de mil batallas

Karina, una guerrera de mil batallas

"Me declaro guerrera de mis mil batallas, pues sanar y amar es solo para valientes."

Después de haberme iniciado en esta aventura de sanar, viajar hacia mi centro, descubrirme, perdonar y perdonarme, es gratificante poder decir: ¡He ganado! He ganado porque, después de haber enfrentado la lucha humanamente más difícil —la lucha contigo mismo—, debo decirles que he salido vencedora.

¿De qué lucha se trata?

Creo que todos nacimos con batallas por las cuales luchar. Ejemplos hay muchos, y cada persona las vive de manera diferente.

Una batalla puede ser lidiar con una enfermedad, el abuso, una adicción, la pérdida de un ser querido, la pobreza o el divorcio; hasta dedicarse a una carrera que no te hace feliz solo por complacer a los padres. Incluso hay quienes batallan por empezar de cero en un nuevo país, mientras otros sufren por no poder regresar a él.

En fin, son tantas las ocasiones en las que sentimos que luchamos contra el mundo, que solo soñamos con ese momento en el que finalmente podamos clavar la bandera, mirar al cielo y decir: "Lo logré. Salí de esta".

Pero no todos estamos dispuestos a detenernos para descubrir cuál es esa batalla o a verla de tal manera que podamos atenderla. Muchas veces el miedo nos ciega y nos impide reconocerla para mantenernos en la ilusión de que tenemos todo "bajo control", cuando en realidad no es más que una forma de negarnos a nosotros mismos.

Ahora voy a hablar por mí.

Hace cuatro años me descubrí en mi propia batalla y, aunque muchas veces había creído estar en medio de una, esta vez sentí algo diferente. Sentí que por primera vez estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para responder a ella de otra manera.

En lugar de confrontar, apagar o ignorar todas esas emociones que surgían en momentos de dificultad, decidí darme la oportunidad de conocerme.

Es complejo de explicar, pues mi conciencia, aún débil e inmadura, de alguna manera me decía que no tenía sentido sentirme como me sentía: vacía, diferente, abandonada.

Fueron muchas las noches en las que me preguntaba: "¿Por qué a mí? ¿Por qué yo?". Batallaba sin respuesta alguna hasta que mis lágrimas se desvanecían en la almohada o hasta quedarme dormida.

Entonces decidí aceptar mi propio reto.

Necesitaba rendirme ante esas emociones.

Pero rendirme no significaba dejar de hacer nada. Al contrario, implicaba comprometerme con un trabajo profundo, uno en el que necesitaría viajar hacia los lugares más oscuros de mi vida para derribarlos con luz.

Viajé, como en remolinos, hacia momentos de muchísimo dolor; aquellos donde la rabia, el abandono y la injusticia se acomodaron de alguna manera en mi corazón para contarme la falsa historia de que sentirme vacía, diferente o abandonada era justamente lo que merecía. Y, posteriormente, me llevaron a tomar decisiones que reforzaban esas falsas ideas o intentaban convencerme de que ya nada valía la pena.

Pero mi esfuerzo por luchar contra todo esto no fue en vano.

De sombras oscuras y sentimientos movedizos llegué a paraísos de luz.

Allí visité a mi madre y pude tener la conversación que, después de treinta años, tanto me habría sanado.

Su fugaz paso por el mundo ahora se me hace más fácil de comprender, y cada día que reflexiono sobre ella encuentro una enseñanza nueva.

Crecí creyendo que mi madre había vivido muy poco como para decirle adiós a su niña de tres años, pero ahora entiendo que ella vivió, entre muchas otras cosas, para demostrarme que el amor es infinito.

Hoy comprendo que es su legado, esa fuerza de amor, lo que me sostiene.

¿Cómo defines el proceso de sanar?

Podría decir que sanar es como el canto de las aves: un canto que no espera recibir créditos ni aplausos de los demás.

Decir "he ganado" no es solo porque así lo prueben los diplomas de los cursos finalizados. No.

La verdadera ganancia va mucho más allá de eso.

Sanar es una celebración intrínseca, especialmente cuando al final te descubres rodeada de personas increíbles que, entre sonrisas y lágrimas, traen su mano al centro, no para levantar una copa de champaña, sino para unirlas unas sobre otras y elevarlas al unísono con un grito de libertad.

Haber ganado fue atreverme a usar mi voz y aferrarme a la lucha por un canto libre, porque al final eso quiero ser: libre.

Eres libre cuando te sueltas, no solo de cualquier apego o adicción, sino también del deseo de aceptación, de la aprobación ajena, de la dependencia, de la competencia, de la comparación y del miedo al fracaso.

Es así como poder decir "he ganado" se ha convertido en mi canto más libre.

Es libre porque siento que, gracias a todo este proceso de aprendizaje, mis deseos, mi voz y cada letra que traigo al mundo guardan armonía, luz, compasión, claridad y amor para aquellos que, por alguna razón, se atreven a recibirme con el corazón abierto.

Entonces, ¿dónde guardas los créditos?

Entiendo por créditos esos recuerdos, esas huellas imborrables a las que todos regresamos para apreciarnos desde afuera.

Mi ganancia en esta batalla está impresa por dentro.

En las heridas a las que solo con coraje se puede regresar para reparar.

En el tratado de paz firmado conmigo misma después de encontrarme cara a cara con la vergüenza por todo aquello que sé que pude haber hecho mejor.

Mi ganancia está en reconocer la perfección de mi ser dentro de lo humanamente imperfecto.

En reconstruir las piezas de un alma con la confianza rota.

En la valentía de volver a cada momento de dolor, no solo para recuperar el control, reaprender y construir mi propio camino, sino también para hacerme responsable de la realidad que cada día soy capaz de crear.

Sé que el camino apenas comienza.


Out of the darkness comes the light

 

Agradecimientos

Gracias a mi esposo, a mis mentores Aidi y Bob, a mi familia Phoenix United Souls and Revelers y a la vida por este oportuno despertar.

Fotografías por @nvreal

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.